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Underground. La ciudad del Arco Iris de Gervasio Iglesias

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De los múltiples movimientos culturales o políticos (léase feminismo) del tardofranquismo y la transición que han sido escamoteados en nuestro país, resulta especialmente llamativa la indiferencia hacia la contracultura de los 60, hasta el punto de haber estado tentada de entrecomillar el término. La productora andaluza La Zanfoña comenzó a documentar y reivindicar su existencia con Underground. La ciudad del Arco Iris (Gervasio Iglesias), un largometraje en torno al auge y caída del grupo sevillano de rock progresivo Smash, que ha tenido una notable continuación –temática, didáctica y estética- con Dame veneno (Pedro Barbadillo, 2007) sobre la grabación del mejor disco de la música popular española: Veneno. Ambas cintas analizan el mestizaje entre el rock y el flamenco como fenómeno genuino y verdaderamente rupturista, y trazan un eje entre Andalucía y Cataluña como focos de resistencia social y gestación cultural (del underground al Rrollo y la gauche divine), aunque la segunda se presente aquí en el papel de privilegiada receptora.

Lejos del tono meramente laudatorio que suele caracterizar al rockumentary, Underground sobresale por su concepción de la música pop como tal. No se limita a trazar su genealogía en clave de influencias musicales (Cream, Hendrix o The Beatles, junto con su viraje posterior al flamenco), sino a indagar en su raigambre social. Los numerosos testigos de la época aquí convocados (de Ricardo Pachón a Nazario, de Colita a Alfonso Guerra) dan cuenta del fascinante movimiento hippy andaluz entroncándolo con las grietas y contradicciones del régimen. Desde las bases aéreas de Rota y Morón por las se filtraban las últimas novedades discográficas gracias a soldados americanos “con un gusto exquisito”; hasta la más que paradigmática biografía de su líder, Julio Matito: seminarista y legionario hasta que le regalaron una guitarra eléctrica, posterior militante socialista y, finalmente, uno de tantos otros desencantados con las primeras elecciones. Y, a pesar de la ortodoxia televisiva de su realización, la cinta también destaca por su desenfado a al hora de tratar el material de archivo (con un arranque a lo Craig Baldwin y una más que pertinente ironización del NO-DO) y los collages animados de Miguel Brieva (dos recursos retomados en Dame veneno) quedando, no obstante, lastrada, por unas recreaciones en súper 8 que, si bien no dejan de cumplir su función ilustrativa -como la del enfrentamiento entre unos hippies y la guardia civil en un bar en una escena que nos remite a Easy Rider- resultan sonrojantes por momentos.

Underground. La ciudad del Arco Iris es una de esas películas que invita a releer de forma inversa nuestra historia inmediata. Más allá de una aproximación cronológica que condena fatalmente a cualquier movimiento alternativo a su domesticación, cabría prestar atención a lo que se quedó en el camino. Si bien este underground resultó invisible y confuso para el franquismo, quizás no fue tan inocuo –y eso es algo que aquí se intuye- como la lectura posterior que se ha hecho de él.

» Fragmento de Underground. La ciudad del Arco Iris de Gervasio Iglesias (2007)





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